martes, diciembre 28, 2010

ÁGUILA


El cielo más azul se halla en tu cuerpo
entonces águila seré y llegaré ahí donde estás
y sé bien que te encuentras lejos donde la vista se pierde
pero amor, que sepas que ni la distancia, ni los cuervos
detendrán mí vuelo, porque soy hija del empeño y la reberdía

No dejaré que me golpeen por desquicio
porque se bien que aunque loca sea yo y loco sea mí sentimiento
no me detendré ante nada, aunque me tiren palabras y tú no digas nada
águila seré en vuelo de locos

Sé que no esperaste este sentimiento
pero vida, repentino no es y, fugás tampoco
porque si aún recuerdas tanto como yo recuerdo
y si aún me sientes tanto como yo te siento
sabrás que mis manos no mienten
que mis ojos no mienten
que mí boca es tuya aunque no se hayan posado en tus labios callados
en tu boca que huye

Asumo vida mía, que palos le di a mí pecho
poque sin ti no hay sentido en el sentir

Así que águila voy hacia ti sin duda alguna
y con mí pecho al viento cruzaré la cordillera que alguna vez, te vio venir...

PUNTO DE VISTA

PUNTO DE VISTA

Teníamos todo el mundo
así que gracias por lo que pudo ser
pero supongo que era tu punto de vista


Cada vez que dijiste vete en tu mente temerosa
yo sólo quise quedarme y ponerle el hombro a esta lucha

Aún espero algo que no sobre
algunas gotas de intento
pero te ves a ti misma y te mueres de miedo

Cómo no te das cuenta que la gente que ve tu historia
no alcanza a ver la crueldad de su juicio


Su punto de vista es tan ciego

que no sabe diferenciar entre lo verdadero y lo formalmente conocido,conocido como social
pero supongo que es su puto punto de vista
y no les importa ni un pelo, que no te quedes conmigo
y que tu te quedes a oscuras hasta el final de los tiempos...





lunes, diciembre 27, 2010

ARRIBA Y ABAJO


ARRIBA Y ABAJO

En la espera lo conocí. Encantador, preocupado, detallista y sobre todo, un hombre que sabía escuchar a las mujeres.
Todos los días nos vemos, a veces compartimos un tesito con galletas, mientras yo las unto en el té, él enciende un cigarro. Siempre preguntando cómo estoy, cómo amanecí. Cuando me siento triste y sola, él me saca a pasear por ahí, aunque no haya mucho que ver, pero sinceramente, ese paisaje desolador, se ve mejor cuando estoy con él.

Es un buen hombre, lo sé, por sus ojos lo sé.

Una noche fría de esas que de verdad te calan los huesos, salí, me levanté a tomar aire fresco.
Así que me fui a caminar, tenía tanta pena en mí corazón, sentía tanta nostalgia y tanta culpabilidad, miedo e incertidumbre, ¿Qué pasaría cuando llegara aquel día tan esperado? Mí corazón era un enredo de sentimientos. ¿Qué sentiría al verlo otra vez?

Cuando joven fumaba de vez en cuando a modo de relajo, siempre después de una larga jornada con los niños, la casa, la familia. Me pegaba una escapadita al patio y me fumaba un pucho. Que ganas de fumarme uno ahora, me hace falta inhalar y botar el humo, sacarlo todo de mí boca como si fuera a salir también toda esta angustia, este ovillo de contradicciones.

Cuando miraba el cielo limpio y estrelladito, alguien puso una mano sobre mí hombro, al sentir esto, rápidamente voltee a ver quien era, pero del susto que me dio, di un paso en falso y al suelo fui a parar. Al enfocar bien, me di cuenta que era Marco, corrió hacia a mí para levantarme deshaciéndose en disculpas, colorado de vergüenza. ¡No fue mi intención, perdón por favor, perdón! No hice más que sonreír, él a su vez también sonrío. ¿Qué hace aquí? La verdad es que no me sentía nada bien así que decidí salir a tomar algo de aire. Pero hace frío, usted sabe que aquí por las noches hace demasiado frío. No tardó en sacarse la chaqueta y ponerla en mí espalda.
El olor de su chaqueta no hizo más que meterse en mí nariz. Su aroma me hizo cerrar los ojos y quedarme en un sitio donde olvidé todo, todo por completo. ¿Se siente bien? Sí, si, respondí.
Disculpe de verdad no quise… interrumpí, ¿tiene un cigarro? Algo pasmado metió su mano al bolsillo, me dio ese cigarro que tanto deseaba, lo puse en mí boca y al darme fuego y al acercarse a mí, lo miré fijamente a los ojos, no esperé que lo notara, pero si lo hizo, entonces correspondió a mis pupilas. Me sentí como una quinceañera, nerviosa, ansiosa, con ganas de huir por miedo a cualquier reacción mía, no podía sentir esto por Marco, no puedo permitirme tal sentimiento, esto es un error, esto esta realmente mal, no puedo por Dios!
¿Le pasa algo? ¿Se siente mal? ¿Quiere que la vaya a dejar? Dígame algo por favor, esta temblando.
Tranquilo que estoy bien, sólo quiero fumar en silencio, sentada en el suelo y nada más. ¿Quiere estar sola? ¿Quiere que me vaya?
¡Marco! Siéntese a mi lado y no diga más.

Estuvimos sentados por dos horas sin decir nada. Lo único, hundirme en el olor de su ropa y pensar en la hermosa noche y lo bien que me sentí al sentirlo cerca.
Que rico era sentir que todos esos sentimientos que me hicieron salir, se fueron no se a donde, pero lejos de mí.

De pronto y sin pensarlo, Marco me abrazó para darme calor, pero yo sentí más que eso. Era tan extraño, porque tenía estas sensaciones y eran solo mías, nada podía quitármelas, nada me detenía, me dejaba llevar por esta agua azul que visualizaba en medio de mí pecho. Era como dejar mí cuerpo en un río done el agua simplemente te lleva donde él quiere. Y así mismo me voltee, llevaba por mí deseo, lo miré, él me miró y mí corazón se aceleró, con un deseo enorme de besarlo. Me entregué, cerré los ojos y me fui lentamente hasta llegar a su boca. Nos besamos, sus labios gruesos abrazaron los míos delgados y cuando su lengua logró encontrar la mía, mí estomago se apretó, mí pecho se agitó. No se veía ni la luz de la luna entre nosotros. No se escuchaba nada más que nuestra respiración. Éramos sólo él y yo en medio de la nada. Éramos hombre y mujer bajo un beso único. Luego de ese beso eterno, sentí un remesón, un pensamiento me sacó de aquel momento maravilloso, entonces dejé su boca y lo abracé. Le dije sin decir, que no me soltara que su calor era mí refugio y mí valor.

Entonces comprendí que era verdadero el sentimiento que sentíamos el uno por el otro. Que inmenso era lo que por Marco sentía. Jamás pensé que pudiera sentirme de esta forma, jamás.

Al dejar sus brazos, no pude mirarlo a los ojos, tenia vergüenza de mirarlo, miedo de salir de sus brazos, no quería volver a la tierra, no, no quería. Marco notó este sentimiento, entonces tomó mí mentón, buscó mí mirada y me dijo que no tenía de que avergonzarme y mucho menos sentir miedo. Todo estará bien, tranquila querida, tranquila.

¿Querida? ¿Dijo, querida? Que hermoso sonaba eso.

Me levanté, le entregué su chaqueta quedándose en mí su aroma, quedándose en mí su sabor. Me fui sin decir nada. ¡No se vaya! Dijo, al mismo tiempo que se acercó para tomar mí brazo para detenerme. ¡Por favor! ¡No! ¡Déjeme! Tengo que irme, se lo ruego, suélteme.

Al llegar me acosté para no dormir nada, así esperé que amaneciera. Tenía miedo de verlo, temor de encontrármelo al día siguiente. Miedo a que alguien se hubiera dado cuenta de lo ocurrido. ¡Que horror Dios mío! ¿Qué hice? ¡Mis hijos! ¡Mi esposo!

A eso del almuerzo, me topé con Marco, quiso hablarme y yo lo evité. Así fue todo el día. Buscó instancias para conversar conmigo, pero yo lo rehuía. Así fue toda la semana.
Luego de un par de días, Marco dejo de buscarme, sentía alivio, pero por otra parte no podía dejar de pensar en él y por que había dejado de insistir.

Como las cinco de la tarde fui por el pan, al volver, Marco estaba parado en medio del camino sin dejarme pasar, le supliqué mirando para todos lados que me dejara seguir, no quiero que nadie se de cuenta Marco por favor!
Me miró con decisión y me dijo: La espero esta noche en el mismo lugar donde nos besamos y si no va, iré por usted, no dude que lo haré, No hice más que asentir.

Llegada la hora, salí silenciosamente, caminé hasta el sitio con cautela, y con unos latidos que ya se me salían del pecho.
Al llegar, ahí estaba él, sentado en el mismo lugar, con la misma chaqueta, esperándome.

Después de esa noche vinieron muchas más, hasta hoy.

Marco y yo nos amamos, no hay duda de eso. Estoy feliz, nunca antes me sentí de esta forma, tan enamorada, tan plena.

Pero no todo era felicidad. Porque la culpa y la traición que sentía, no me deja vivir este amor, y cómo podría si soy una traidora, una mala mujer. Dios perdóname… no sé cómo puedo mirar a los ojos a mis hijos.

Hoy se cumplen cinco meses de este amor con Marco. Esta noche nos juntaremos en el sitio donde todo comenzó.

Hoy al despertar, descubrí una sonrisa en mí rostro, recordé la bella noche que pasamos juntos, en eso me quedé, tirada un rato más en la cama, cuando de pronto alguien irrumpió en la pieza dando de gritos. ¡Margarita! ¡Margarita! ¡La maquina! ¡La maquina! ¡La maquina llegó margarita! ¡Llegó hasta la mina! ¡Van a sacar a Pedro! ¡Que felicidad Margarita, que felicidad! ¡Por fin, gracias a Dios Margarita!
Lloré, lloré, lloré como loca, estaba aturdida, no daba paso alguno, así que Maria me llevó de a tirones hasta allá. ¡Dios mío! ¡Dios mío! No podía decir más.

Al llegar estaba lleno de gente, las familias de los mineros, la prensa, gente del gobierno y del todo el mundo.
Miré al cielo y le agradecí a Dios, dentro de toda la luz y la oscuridad que veían mis ojos, le agradecí.

Cuando comencé a entender todo, busqué a Marco con la mirada, no di con él, pero él si dio conmigo, sus ojos llenos de lágrimas me decían que estaba feliz por su hermano y a la vez, tremendamente infeliz porque todo había terminado para nosotros.
¿Qué me quedo? Mirarlo por última vez.

Nuestro amor había nacido en la mina San José y ahí mismo ese amor se quedó. Pero la verdad es que él y yo sabíamos que nuestro amor nunca se iba a morir.

2010

Volví...

He vuelto después de cinco años a retomar una vieja vía de escape...pero hoy, ya no es una vía de escape...sino, de compartir mis letras y vivecias... bienvenida yo...bienvenidos todos...